20101223
lienzos y medios
20101216
20101012
20101008
A ti
Sabes qué, no sé en que estaba pensando cuando abrí mi mochila y la deje ver lo que llevaba. Sólo me aterré al ver aquella mano sacando la cartuchera en donde estaba el dinero. Mentí, mentí descaradamente. Le dije que no tenía nada, pero no me creyó. La abrió y con ese aire misterioso, que huele más a estafa que a otra cosa, tomó con sus largos dedos los billetes. Me devolvió un cuarto de la cantidad y la otra quedo en su puño cerrado. Dijo que debía confiar, yo confiaba, pero confiaba en que me había cagado. Dijo que la mirara a los ojos, que repitiera unas palabras, las repetí y dejé que con su agua de Satán (o no sé qué) mojara los billetes en su mano para luego escupirlos. “Mírame a los ojos”, obedecí, conociendo bien la técnica que quería aplicar. Volví a centrar mi vista en su mano cerrada, lo que estaba antes ya no estaba, en su lugar había algo como papel destrozado y mojado; “Te cagaron por imbécil”, pensé, antes de tomar la resolución de llegar a su punto sensible, que se compadeciera para lograr que me devolviera la plata. Y pensaba, en las entradas, en el concierto, en lo que va más allá de lo material, eso que hace que valga la pena y en que tú me habías confiado tu parte para que la comprara por ti. Me puse triste, por mí, por ti, por ella, por el mundo, por el bebé que estaba a su lado y más tarde aprendería esas cosas. Le empecé a contar sobre el origen de lo que tenía en mano, fui sincera en todo, excepto su finalidad. Algo se trizó en ella, no creo que sea común que me haya devuelto dos de los tres billetes que tenía, de igual forma seguí insistiendo. Tenía el dinero justo. Me ofrecí para hacerle un dibujo al bebé, cantarle, escribirle un cuento o una poesía. Pienso que el dinero no es necesario, le habría dado algo si en ese momento hubiese estado con un excedente, pero no era así, ni siquiera tenía para devolverme a casa. Me propuso un intercambio, diez mil pesos por cinco mil que quedarían “en penitencia”, dije que no, no podía. Hablé desde adentro, con la pena que me da ver al mundo seguir igual de despiadado, no me quería ver a los ojos, lo evitaba. En algún momento coincidieron las proyecciones infinitas de nuestros ojos, dijo que fuera en paz y devolvió lo restante, me deseo buena suerte, sin rencores le respondí con un también. Al guardar en el bolso las cosas quise buscarle algo, para que recordara ese momento en el que se salió de la rutina pseudomágica embaucadora. Le dí tu bolsita morada, eso fue lo único que me aceptó, me dolió un poco despegarme de ella, que más da, me dije, si al final son apegos. Me siento con suerte interesante, diferente a esa en donde todo te sale bien, la mía es un "a pesar de todo, salió bien". Me gusta mucho contarte, no contarles. Siento que ellos me roban un pedacito, parte de la esencia de lo que vivo, en cambio, contigo es transmitir y que recibas, entendedora como siempre, callada, medio ausente, pero con sonrisa de receptora.
